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Integrar la IA en el desarrollo de productos digitales no es solo una evolución: es una forma completamente nueva de pensar el software. Durante mucho tiempo, el diseño de interfaces y el desarrollo de software se basaba en sistemas predecibles, donde la misma acción siempre generaba el mismo resultado.
La llegada del machine learning y la IA generativa cambia todo. Diseñar productos con IA significa aceptar la incertidumbre. No basta con que las interacciones sean fluidas: también hay que generar confianza, manejar errores y crear formas de controlar y corregir fallos de la máquina. En pocas palabras, diseñar para IA es diseñar para lo impredecible.
A diferencia del desarrollo de software tradicional, que sigue procesos, pasos claros y objetivos definidos, crear productos con IA es más experimental. Es avanzar mediante hipótesis, pruebas y ajustes, lo que impacta cómo trabajan los equipos y cómo se conciben los productos desde su origen.
En esta nueva era, los datos dejan de ser solo contenido y se convierten en el material que da forma a la experiencia. Las decisiones de diseño dependen de su calidad y diversidad: un modelo entrenado con datos sesgados reflejará esos sesgos, incluso si la interfaz es clara e inclusiva. Por eso, los equipos de experiencia deben participar desde el inicio en la definición y evaluación de los datos, considerando su diversidad y precisión como un aspecto clave de usabilidad.
Por ejemplo, un asistente de voz entrenado únicamente con acentos estándar fallará al interactuar con usuarios que se expresan con variaciones regionales. El problema no está en la UI, sino en el dataset.
Diseñar experiencias para IA significa construir confianza, porque los sistemas no siempre son predecibles. Algunos patrones clave son:
La gente tiende a humanizar las máquinas (pensamos que tienen sentimientos o intenciones). Tenemos que guiar esa relación como diseñadores.
Un buen ejemplo es el DJ de Spotify: la compañía hizo que una tecnología compleja funcionara como un “amigo” con voz realista y jerga humana («Quemaste esta canción en 2018»), pero visualmente es solo un círculo verde. No intentan simular una figura humana. El equilibrio de eso evita el «valle inquietante».
Además, el usuario siempre mantiene control total gracias a un botón que ajusta la “vibra”, dando seguridad emocional
Estamos obsesionados con chatear (Chat GPT, Claude, Gemini), pero el futuro apunta a agentes inteligentes. Imagina decirle a la IA: “Planifica mis vacaciones en julio con este presupuesto”, y se ponga en marcha buscando vuelos, reservando hoteles y te entregue un plan listo. El desafío de la UI aquí es brutal: cómo ver lo que hace, corregir errores y mantener el control. Por eso necesitaremos “tableros de misión” para monitorear a los agentes y crear botones claros para intervenir cuando sea necesario.
La entrada de texto libre es genial, pero intimidante. Las UIs modernas necesitan guiar al usuario hacia mejores resultados:
· Plantillas y Recetas: crea estructuras claras (“Escribe un para [Audiencia] sobre”) para que el usuario complete asegurando que la IA reciba el contexto correcto.
· Refinamiento de Prompt («Mejora Mágica»): un botón que toma el prompt básico del usuario (por ejemplo, «gato en el espacio») y lo ajusta para optimizarlo (por ejemplo, «Gato astronauta flotando en la órbita de la Tierra con estilo cinematográfico»).
· Entrada multimodal: combinar imagen y texto permite dar instrucciones más completas; la interfaz debe mostrar cómo se relacionan ambas entradas.
· Voz/Conversación: llamadas de voz que permiten interrupciones y ajustes (“No, espera, cambia eso a azul”), con indicadores claros de cuándo la IA está “escuchando”.
La explicabilidad de la interfaz (XUI) traduce el funcionamiento interno de la IA a un lenguaje comprensible para todos (mapas de calor, rankings, etc.), porque incluso la incertidumbre puede y debe diseñarse. Algunas prácticas clave son:
· Técnicas de visualización para la transparencia: mostrar qué factores influyen en las decisiones del sistema “¿qué pasaría si…?” ayuda a que el usuario entienda mejor.
· Estrategias de comunicación de la incertidumbre: crear elementos visuales más suaves, difusos o con menor contraste para indicar cuándo la IA no está completamente segura.
Diseñar productos con IA no es solo creatividad: requiere nuevas formas de trabajar y herramientas que aceleren el proceso.
· Nuevas dinámicas de diseño: sprints que incluyen definición de datos, auditoría ética y prototipos que simulan la IA antes de desarrollarla.
· Colaboración entre diseño e ingeniería: diseñadores y técnicos necesitan un lenguaje común para entender errores, niveles de confianza y decisiones del modelo.
· Herramientas de diseño con IA: soluciones como Figma AI, Uizard, Visily, Relume y Banani automatizan tareas operativas y agilizan wireframes y arquitectura de información, dejando más tiempo para estrategia y experiencia.
Los productos de IA han pasado de ser herramientas pasivas a compañeros activos y agentes colaborativos. Esto requiere nuevas habilidades: diseñadores como estrategas de datos, ingenieros que comprendan la experiencia del usuario y productos transparentes y éticos por diseño.
Para 2026, ya no habrá distinción entre “producto de IA” y “producto normal”: la interacción digital estará mediada por inteligencia predictiva y generativa. El éxito dependerá de quién construya la relación más confiable, útil y humana con la IA, y la interfaz de usuario será el lugar donde esa relación se construye o se rompe.
Si quieres construir productos y servicios donde la inteligencia artificial aporte valor real, genere confianza y esté pensada desde el UX/UI, los datos y la ética desde el inicio, contacta con nosotros.

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