
In recent years, artificial intelligence (AI) has skyrocketed in popularity, with companies from all walks of...
Hoy es posible conocer, anticipar y conversar con cada cliente casi de forma individual. El verdadero reto para las marcas ya no es tecnológico: es convertir esa capacidad en confianza, relevancia y, finalmente, lealtad del cliente.
Contamos con herramientas para conectar millones de datos de comportamiento y transacciones, resolver identidades entre canales, anticipar necesidades y personalizar ofertas en tiempo real. También con agentes de inteligencia artificial capaces de mantener conversaciones cada vez más naturales, por texto y por voz.
Los programas de lealtad han evolucionado en paralelo. Ya no se limitan a acumular puntos: identifican hábitos, frecuencia de compra y contexto para decidir qué beneficio ofrecer, cuándo y por qué canal.
Este artículo explora el verdadero papel de la tecnología en la fidelización: por qué personalizar y automatizar ya deberían ser el punto de partida y no la diferenciación; por qué la confianza se ha vuelto el activo más importante; y qué podemos aprender de las compañías que combinan datos, IA y talento humano para transformar la experiencia.
La pregunta de fondo: ¿qué hace que una marca pase de simplemente conocer y atender a sus clientes a ganarse realmente su confianza y su preferencia?
No todos los clientes aportan el mismo valor, y las compañías necesitan identificar y cuidar especialmente a los de mayor valor presente y potencial. Para eso existen hoy capacidades extraordinarias de datos, analítica, personalización y programas de lealtad.
La tecnología está disponible. La pregunta real es si la estamos usando para generar lealtad.
Según la 2025 Customer Experience Survey de PwC (5,511 consumidores y 406 ejecutivos en Estados Unidos), existe una brecha reveladora: el 89% de los ejecutivos cree que la lealtad ha aumentado en los últimos años, frente a solo el 39% de los consumidores que piensa lo mismo.
El mismo estudio señala que el 52% de los consumidores dejó de comprar una marca por una mala experiencia con sus productos, y el 29% por una mala experiencia de cliente. El costo de equivocarse es tangible.
Un dato más, especialmente relevante para quienes impulsamos la adopción de IA: el 58% se declara solo parcialmente cómodo o nada cómodo usando herramientas de inteligencia artificial para relacionarse con las marcas.
Sería un error concluir que necesitamos menos tecnología. Necesitamos usarla mejor. Porque la tecnología ayuda a conocer, anticipar y personalizar, pero por sí sola no genera confianza ni lealtad.
Para cualquier compañía que gestione cientos, miles o millones de clientes, automatizar y personalizar la comunicación en cada punto de contacto debería ser el estándar, no la ventaja competitiva.
Un cliente que compra alimento para su mascota cada mes no debería recibir una oferta genérica de productos que nunca ha adquirido. Un banco debería reconocer que quien acaba de financiar un televisor probablemente atraviesa un momento financiero distinto al de quien acaba de firmar una hipoteca. Una aerolínea debería saber quién vuela cada semana y quién realiza su primer viaje internacional en familia.
Esto sí requiere tecnología: Customer Data Platforms, identity resolution, decisioning, CRM, journey orchestration, loyalty, analítica y, cada vez más, inteligencia artificial predictiva y generativa.
Pero hay una línea delgada entre «esta marca me conoce y me entiende» y «esta marca sabe demasiado de mí».
El estudio de PwC muestra otra paradoja: el 53% considera que compartir información personal vale la pena cuando mejora la experiencia, pero el 93% afirma que perdería la confianza en una marca si maneja mal esos datos.
Por eso, la personalización con IA no puede consistir en usar toda la información disponible. Debe usar la información adecuada, con autorización, en el momento correcto, entregando a cambio un valor reconocible por el cliente.
La confianza se está convirtiendo en un recurso cada vez más escaso. Según el Edelman Trust Barometer 2026, elaborado a partir de 33,938 entrevistas en 28 países, la confianza es cada vez más personal y selectiva: 7 de cada 10 personas duda o muestra resistencia frente a alguien con valores, información o antecedentes culturales distintos a los propios.
Este fenómeno también afecta cómo descubrimos y evaluamos marcas. Entre quienes confían en influencers de alimentación o estilo de vida, el 62% estaría dispuesto a confiar en una empresa que hoy no le genera confianza, si es recomendada por alguien en quien ya confía.
La confianza ya no se declara. Se transfiere, se demuestra y se construye interacción tras interacción. Y algunas compañías ya la están convirtiendo en resultados de negocio.
McDonald’s: tecnología que no se siente, pero elimina fricción
McDonald's combina loyalty, aplicación móvil, personalización, geolocalización e IA con un solo objetivo: conocer mejor al cliente, reducir fricciones y darle razones para volver.
Esta estrategia le permitió alcanzar en 2026 cerca de 220 millones de usuarios activos de loyalty en 70 mercados, generando más de US$40,000 millones en ventas anuales a través de miembros del program. Funcionalidades como Ready on Arrival pueden reducir los tiempos de espera en más del 50%.
El cliente no necesita sentir la IA; necesita sentir que la marca lo conoce, le facilita la vida y le da razones para volver.
Spotify: convertir los datos personales en emocionalidad
Spotify Wrapped es uno de los ejemplos más claros de personalización emocional. En lugar de usar los datos solo para recomendar la siguiente canción, una vez al año convierte el comportamiento del usuario en una historia sobre sí mismo.
En 2025, Wrapped alcanzó más de 300 millones de usuarios y generó más de 630 millones de shares en redes sociales, en 56 idiomas. Al cierre del cuarto trimestre, Spotify llegó a 751 millones de usuarios activos mensuales, el mayor incremento neto trimestral de su historia.
No funciona porque diga «sabemos lo que escuchaste», sino porque logra decir: «esta es tu historia».
IKEA: IA para resolver la necesidad del cliente y del colaborador
Uno de los dolores más comunes al comprar muebles es: «¿esto funcionará en mi casa?». Para resolverlo, IKEA lanzó IKEA Kreativ, que usa IA y tecnología 3D para que el cliente visualice sus propios espacios antes de comprar.
Detrás de esta experiencia está Billie, un asistente de IA que llegó a gestionar el 47% de las consultas de los centros de atención. En lugar de usar esa eficiencia para reducir empleos, IKEA capacitó a 8,500 colaboradores de call center para convertirse en asesores de diseño de interiores.
La IA generativa no sustituyó el componente humano de la experiencia: ayudó a ponerlo donde genera más valor.
En la región, la confianza es un atributo que ayuda a vender en banca, comercio electrónico y aviación, y que además redefine cómo el cliente se relaciona con la marca.
OXXO y Spin Premia: personalización a gran escala
Spin Premia está ayudando a OXXO a pasar de millones de transacciones anónimas a conocer realmente a su cliente. Al cierre de 2025, tenía 28.1 millones de usuarios activos, 13.8% más que un año antes. El 49.3% de las ventas de OXXO ya estaban vinculadas a clientes identificados en Spin Premia, frente a 40.7% el año anterior⁶.
En paralelo, Spin by OXXO alcanzó 10.5 millones de usuarios activos (+22%), con transacciones promedio por usuario que crecieron más de 54% en el último trimestre de 2025.
Nubank y LATAM Airlines: la tecnología como complemento del servicio
Nubank combina datos, machine learning e IA para personalizar servicios y anticipar por qué un cliente necesita ayuda. Con Precog, sus agentes tienen conversaciones con más contexto para resolver más rápido; la propia compañía decide usar IA solo cuando aporta más valor que la alternativa humana.
Este modelo acompañó a Nu a cerrar 2025 con 131 millones de clientes, más del 85% de actividad mensual en Brasil, y cerca del 15% de la población adulta en México, donde se convirtió en el principal emisor de nuevas tarjetas de crédito del país.
LATAM Airlines usa datos, automatización e IA para personalizar comunicaciones y detectar anticipadamente situaciones críticas, mientras forma a sus equipos en liderazgo, datos e IA. En 2025 alcanzó un NPS operacional récord de 56 puntos y un margen operacional ajustado de 12.9%⁸.
La tecnología puede hacer la interacción más rápida y relevante, pero no sustituye el criterio ni la empatía humana. El valor aparece cuando ambos trabajan juntos.
Después de implementar junto a NATEEVO CRM, Customer Data Platforms, Marketing Automation, Loyalty y GenAI en distintas industrias y países, cinco patrones se repiten en las marcas que realmente generan vínculos:
– Me conocen, pero respetan mis límites. Usan mis datos para facilitarme la vida, no solo porque los tienen.
– Saben quién soy y mi historia con su marca. No me obligan a empezar de cero al cambiar de canal, tienda o dispositivo.
– Son relevantes. Personalizar no es poner mi nombre en un mensaje: es entender qué necesito y cuándo no necesito nada.
– Cumplen. Una promesa cumplida consistentemente construye más confianza que una campaña extraordinaria.
– Cuando algo falla, responden humanamente. La prueba real de una relación ocurre cuando algo sale mal y la compañía tiene la información, autonomía y empatía para resolverlo.
La pregunta ya no debería ser cómo usar IA para hablar con millones de clientes de forma personalizada: la tecnología ya resuelve esa parte. La pregunta que importa es cómo conseguir que millones de clientes sientan que la marca los conoce, los respeta, cumple lo que promete y les aporta algo que realmente vale la pena.
Podemos automatizar una conversación, predecir una necesidad, personalizar millones de ofertas en milisegundos, incluso lograr que una IA suene casi humana. Pero la confianza no se automatiza: se construye y se gana.
Cuando una marca gana confianza de forma consistente, deja de competir por la siguiente transacción y empieza a ganar algo mucho más difícil de replicar: la preferencia y el corazón del cliente.
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